Capítulo IV - El pulpero. A buena cuenta.
121
Sacaron unos sus prendas,
que las tenían empeñadas;
por sus deudas atrasadas
dieron otros el dinero;
al fin de fiesta el pulpero
se quedó con la mascada.
122
Yo me arrescosté a un horcón
dando tiempo a que pagaran,
y poniendo güena cara
estuve haciéndome el poyo,
a esperar que me llamaran
para recibir mi boyo.
123
Pero ahi me puede quedar
pegao pa siempre al horcón,
ya era casi la oración
y ninguno me llamaba;
la cosa se me ñublaba
y me dentró comezón.
124
Pa sacarme el entripao
vi al mayor, y lo fi a hablar;
yo me lo empecé a atracar,
y como con poca gana
le dije: tal vez mañana
acabarán de pagar.
125
¡Que mañana ni otro día!,
Al punto me contestó:
la paga ya se acabó;
¡siempre has de ser animal!
Me raí y le dije: yo...
no he recebido ni un rial.
126
Se le pusieron los ojos
que se le querían salir,
y ahi no más volvió a decir
comiéndome con la vista:
¿y qué querés recibir
si no has dentrao en la lista?
127
Esto sí que es amolar,
dije yo pa mis adentros;
van dos años que me encuentro
y hasta aura he visto ni un grullo;
dentro en todos los barullos
pero en las listas no dentro.
128
Vide el pleito mal parao
y no quise aguardar más...
es güeno vivir en paz
con quien nos ha de mandar;
y reculando pa atrás
me le empecé a retirar.
129
Supo todo el comendante
y me llamó al otro día,
diciéndome que quería
aviriguar bien las cosas...
que no era el tiempo de rosas,
que aura a naides se debía.
130
Llamó al cabo y al sargento
y empezó la indagación:
si había venido al cantón
en tal tiempo o en tal otro...
y si había venido en potro,
en reyuno o redomón.