Capítulo V - Gringos en la frontera. La estaquiada.
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Y lo pasan sus mercedes
lengüetiando pico a pico
hasta que viene un milico
a servirles al asao-
y eso sí, en lo delicaos,
parecen hijos de rico.
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Si hay calor, ya no son gente;
si yela, todos tiritan;
si usté no les da, no pitan
por no gastar en tabaco,
y cuando pescan un naco
uno al otro se lo quitan.
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Cuando llueve se acoquinan
como perro que oye truenos.
¡Que diablos!, Sólo son güenos
pa vivir entre maricas,
y nunca se andan con chicas
para alzar ponchos ajenos.
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Pa vichar son como ciegos;
no hay ejemplo de que entiendan,
ni hay uno solo que aprienda,
al ver un bulto que cruza,
a saber si es avestruza,
o si es jinete, o hacienda.
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Si salen a perseguir
después de mucho aparato,
tuitos se pelan al rato
y va quedando el tendal:
esto es como en un nidal
echarle güevos a un gato.
Capítulo VI - Desertor. Las ruinas del rancho.
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vamos dentrando recién
a la parte mas sentida,
aunque es todita mi vida
de males una cadena:
a cada alma dolorida
le gusta cantar sus penas.
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Se empezó en aquel entonces
a rejuntar caballada,
y riunir la milicada
teniéndola en el cantón,
para una despedición
a sorprender a la indiada.
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Nos anunciaban que iríamos
sin carretas ni bagajes
a golpiar a los salvajes
en sus mesmas tolderías;
que a la güelta pagarían
licenciándolo al gauchaje;
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que en esta despedición
tuviéramos la esperanza;
que iba a venir sin tardanza,
según el jefe contó,
un menistro o qué sé yo-
que le llamaban don ganza;
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que iba a riunir el ejército
y tuitos los batallones,
y que traiba unos cañones
con más rayas que un cotín;
¡pucha!- Las conversaciones
por allá no tenían fin.