Capítulo XIII. A los indios me refalo.
381
Tampoco a la sé le temo;
yo la aguanto muy contento;
busco agua olfatiando el viento
y, dende que no soy manco,
ande hay duraznillo blanco
cavo, y la saco al momento.
382
Allá habrá siguridá
ya que aquí no la tenemos;
menos males pasaremos
y ha de haber grande alegría
el día que nos descolguemos
en alguna toldería.
383
Fabricaremos un toldo,
como lo hacen tantos otros,
con unos cueros de potro,
que sea sala y sea cocina.
¡Tal vez no falte una china
que se apiade de nosotros!
384
Allá no hay que trabajar,
vive uno como un señor;
de cuando en cuando un malón,
y si de él sale con vida,
lo pasa echao panza arriba
mirando dar güelta el sol
385
Y ya que a juerza de golpes
la suerte nos dejó aflús
puede que allá veamos luz
y se acaben nuestras penas:
todas las tierras son güenas;
vamonós, amigo Cruz.
386
El que maneja las bolas,
el que sabe echar un pial
y sentársele a un bagual
sin miedo de que lo baje,
entre los mesmos salvajes
no puede pasarlo mal.
387
El amor como la guerra
lo hace el criollo con canciones;
a más de eso en los malones
podemos aviarnos de algo;
en fin amigo, yo salgo
de estas pelegrinaciones.
388
En este punto el cantor
buscó un porrón pa consuelo,
echó un trago como un cielo,
dando fin a su argumento;
y de un golpe el instrumento
lo hizo astillas contra el suelo.
389
Ruempo, dijo, la guitarra,
pa no volverme a tentar;
ninguno la ha de tocar,
por siguro tengaló;
pues naides ha de cantar
cuando este gaucho cantó.
390
Y daré fin a mis coplas
con aire de relación;
nunca falta un preguntón
más curioso que mujer,
y tal vez quiera saber
como jué la conclusión.